miércoles, 8 de noviembre de 2017

2) Puso los cimientos para redefinir la materia #MarieCurie150

En apenas tres años, Maria Skłodowska había conseguido ser la primera de su promoción en la licenciatura de Física y la segunda en la de Matemáticas. No era poca hazaña para una joven que había partido de una formación científica prácticamente nula. La primera etapa de su ambición, la que incluía adquirir conocimientos científicos iguales a los de un hombre, la había alcanzado con creces. Era el turno de apuntar hacia cotas más altas. Estaba empeñada en hacer algo grandioso y estimulante, quería tener su propia contribución al saber científico.

Ya como Marie Curie, pues se casó con su jefe de laboratorio, el reputado científico francés Pierre Curie, comenzó a investigar para la tesis doctoral. Hecho sin precedentes en toda Europa, ya que ninguna mujer había conseguido el doctorado. Y no pudo tener más puntería a la hora de elegir el campo de investigación porque se disponía a guiar a la ciencia a una nueva era.



En 1895, el físico alemán Wilhelm Röntgen había descubierto los rayos X. Durante el año que se publicaron más de cuarenta libros y más de mil artículos a propósito del nuevo hallazgo. El extraordinario poder de penetración de esos nuevos rayos los hacía una útil herramienta para explorar la estructura de la materia y, de paso, redefinirla. Hay que recordar que desde la antigua Grecia, y aún a finales del siglo XIX, el átomo aún se consideraba como algo indivisible.

Un año más tarde, el físico francés y mentor de Marie Curie, Henri Becquerel, se encontró en la senda de otro gran descubrimiento, la radiactividad. Trabajando con sales de uranio comprobó que eran capaces de ennegrecer placas fotográficas incluso si se cubrían con una tela negra, una lámina metálica y se metía todo dentro de un cajón. ¿De dónde sacaba el compuesto de uranio esa energía que permitía impresionar las emulsiones fotográficas a través de diversos espesores de metal? En el plano científico, el terreno estaba virgen.


Placa fotográfica realizada por Becquerel que muestra los efectos de la exposición al uranio (Fuente).


El propio Becquerel perdió el interés por su descubrimiento, ya que la atracción que ejercían sobre los científicos los espectaculares rayos X seguía siendo muy potente. Y ahí fue donde Marie Curie vio la oportunidad de explorar aquel fenómeno ignorado por tantos. Se aseguraba así que no tendría competidores en el campo, aún sin explorar a fondo, con la ventaja añadida de que no había una extensa bibliografía para prepararse. Podía mancharse las manos en su laboratorio sin tener que pasar meses en una biblioteca previamente.

Becquerel había demostrado que estos nuevos rayos, a la sazón rayos uránicos ―la palabra radiactividad la emplearía Marie Curie por primera vez más adelante―, que, al igual que los rayos X, provocaban una corriente eléctrica en el ambiente que los rodeaba. Partiendo de esa premisa, Marie Curie, con la minuciosidad obsesiva que la caracterizaba en el laboratorio, empleó el electrómetro se dispuso a investigar si existían otras sustancias distintas del uranio capaces de provocar un aire conductor de electricidad. Según sus observaciones, el torio y sus compuestos lo hacían y además emitían rayos parecidos a los uránicos.


El matrimonio Curie en su laboratorio (Fuente).


A continuación midió la intensidad de la corriente eléctrica por los diversos compuestos de uranio y torio. Y comprobó que la actividad que observaba dependía únicamente de la cantidad de uranio o de torio presente en la muestra. Era un resultado de una importancia bestial: estaba ante una nueva propiedad de los átomos, su capacidad para emitir rayos. Es decir, Había demostrado que la radiación no resultaba de la interacción por parte de los átomos, ni de la reordenación de moléculas en nuevos arreglos, como ocurre en una simple reacción química en la que se produce calor o luz. No. Esta nueva energía emitida en forma de rayos tenía un origen totalmente distinto y solo podía proceder del átomo en cuestión, independiente de cualquier sustancia añadida o alguna reacción química.

En definitiva, la radiactividad es, necesariamente, una propiedad atómica. Y a partir de este sencillo descubrimiento, la ciencia del siglo XX se encontró preparada para dilucidar los misterios de la estructura del átomo, y de ahí surgieron todas las aplicaciones prácticas que se derivan de ella. Desde el punto de vista científico, fue este descubrimiento, y no los que les siguieron, el que le otorgó notoriedad, la verdadera obra maestra de Marie Curie.


Esta entrada forma parte del especial «10 Cosas que hay que saber sobre Marie Curie».

1 comentario:

  1. Es verdad que la casualidad ha jugado un importante papel en los grandes descubrimientos científicos, pero no es menos verdad que detrás de estas casualidades hay personas empeñadas, inconscientemente probablemente, en que se produzcan. Las casualidades no existen sin el trabajo, sin el empeño y el esfuerzo de las personas que las hacen realidad.
    Hasta luego Jesús.

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