domingo, 12 de noviembre de 2017

6) Se negó a cobrar por sus descubrimientos #MarieCurie150

Tras descubrir el radio en 1898, Marie y Pierre empezaron a entrever otras aplicaciones del radio que iban más allá de la mera contribución al conocimiento físico del átomo. Los médicos franceses usaban la radioterapia, o “curieterapia” como llegó a conocerse en Francia, con radio donado por los Curie. El precio del gramo de las sales de radio se multiplicó por cincuenta en cuestión de dos décadas: desde 400 libras esterlinas en 1903 a las 20000 durante la Primera Guerra Mundial, pues se usaba para los puntos de mira de los fusiles y en las brújulas.

Al igual que Röntgen nunca había patentado sus rayos X, los Curie rechazaron tajantemente la oportunidad de lucrarse mediante una patente a pesar de que apenas tenían dinero para comprar los residuos de pechblenda que necesitaban para extraer el elemento. En 1906, no habían ganado absolutamente nada del radio separado según el método concebido por Marie, hecho que señalaría con orgullo durante toda su vida.


Esta entrada forma parte del especial «10 Cosas que hay que saber sobre Marie Curie».





La pureza y el desinterés del trabajo de los Curie eran un equilibrio difícil de mantener. Con una actitud desinteresada dejaron los secretos del proceso de extracción y aislamiento a disposición de la comunidad científica. Siempre respondían gratuitamente y de buen grado a las innumerables demandas de información, sobre todo en América. Industrias enteras se estaban levantando gracias a las detalladas informaciones técnicas que los Curie proporcionaban.


Marie Curie dando una conferencia sobre radiactividad (Fuente).


Y mientras crecía en torno a ellos la comercialización de sus propios descubrimientos, los Curie estaban literalmente mendigando dinero a mecenas para poder levantar un laboratorio que cubriese sus relativamente simples necesidades. Marie consideraba los aspectos económicos de la investigación y el desarrollo industrial como algo ajeno a su competencia.

En aquella época se imponía la idea de que la ciencia había de ser pura. Eso significaba que la investigación no debía contemplarse en función de su aplicación práctica a un problema dado, sino debía ser conducida con el único objetivo de aumentar y profundizar el saber. Si existía una aplicación, mejor para la humanidad, pero nunca podía constituir un objetivo deliberado. Era una actitud muy extendida que empapaba todo el pensamiento científico. Eran las nobles motivaciones que se esperaban de los sabios. Una actitud que Marie aprendió a admirar y se calificaba con una sola palabra: desinterés. Ella la hizo suya.




Esta entrada forma parte del especial «10 Cosas que hay que saber sobre Marie Curie».



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