sábado, 23 de diciembre de 2017

Navidad, ciencia y el fantasma de Pepper

«Mientras la penumbra y la sombra se intensificaban detrás de él, en el lugar donde se habían condensado de forma tan lóbrega, estas adoptaron paulatinamente —o de ellas surgió, por efecto de algún proceso irreal e insustancial, imperceptible para ningún sentido humano— ¡una espantosa imagen de sí mismo! Lívida y fría, incolora en su cara y sus manos plúmbeas, pero con sus rasgos y sus brillantes ojos, y su cabello entrecano, y ataviado con la lúgubre sombra de su atavío, adoptó su terrible apariencia de vida, inmóvil y sin emitir el menor sonido».

Así es como Charles Dickens describió la aparición del primer fantasma en “El hechizado”, el quinto y último de sus cuentos navideños. ¿Y a quién se aparece este espectro? Al Sr. Redlaw, «un hombre versado en química […] en una noche de invierno, solo, rodeado de sus preparados, su instrumental y sus libros». No faltaron alusiones a la química en las obras del novelista inglés, de hecho, se dice que se inspiró en Michael Faraday para crear al Sr. Redlaw.


El protagonista de "El hechizado de Dickens", el Sr. Redlaw, era químico (Fuente). 

El cuento fue escrito y publicado en 1848, en plena época victoriana, una época en la que la Navidad se había reinventado, convirtiéndose en un festival popular acorde a los nuevos tiempos. Aparecieron nuevas costumbres, como los árboles de Navidad o las tarjetas de felicitación, mientras que poetas y anticuarios mantenían viva la llama nostálgica por las viejas tradiciones navideñas. También la ciencia estaba alcanzando unos niveles de popularidad sin precedentes, por lo que las dos culturas, no solo se solaparon, sino que se abrazaron, y encontraron su máxima expresión en las famosas conferencias navideñas de la Royal Institution de Londres, con el gran Faraday y “su vela” a la cabeza.

Michael Faraday inició las conferencias científicas de Navidad en 1825 (Fuente).

Otra cita que tenían los londinenses en Navidad tenía lugar en la  Royal Polytechnic Institution. El químico John Henry Pepper convertía las instalaciones de lo que hoy es la Universidad de Westminster en una especie de país de las maravillas, exhibiendo las máquinas e inventos más impresionantes de la época y atestando los jardines con árboles de Navidad de gran tamaño. Cada año se superaba.

Pepper era muy dado a las demostraciones científicas públicas. Hacía que fenómenos físicos y químicos fueran visibles y, por lo tanto, accesibles a la gente. Sus intereses andaban a medio camino entre la ciencia de laboratorio y el espectáculo teatral. Publicó pocos artículos y no hizo grandes descubrimientos, pero contribuyó sobremanera a mejorar la percepción de la ciencia en un momento histórico crucial.

Los experimentos de Pepper procedían de fuentes autorizadas, que incluían trabajos de los reputados químicos Michael Faraday o William Brande. Pepper iba más allá y hacía demostraciones no solo visibles, sino también espectaculares y monumentales. En alguna ocasión, exhibiendo los experimentos de inducción electromagnética de Faraday, provocó una chispa de casi un metro de largo.

La demostración escénica más famosa de Pepper tuvo lugar en la Nochebuena de 1862. Quiso superarse y satisfacer el gusto victoriano con una dosis de magia y entretenimiento gótico. Para ello llevó a cabo una adaptación de “El hechizado” de Dickens y, claro, al Sr. Redlaw se le debían aparecer fantasmas. Pero a Pepper nada se le resistía y logró proyectar figuras espectrales,  que incluso interactuaban con los actores sobre el escenario, con un realismo inusitado.

Representación del fantasma de Pepper (Fuente).

La técnica de ilusionismo, conocida todavía hoy como “el fantasma de Pepper”, está basada en principios ópticos y consistía originalmente en colocar una gran hoja de vidrio en el escenario en un ángulo de 45º en la línea de visión del público. El actor que hacía de fantasma se encontraba bajo el escenario iluminado intensamente por un foco de luz. Una pequeña parte de la luz reflejada por el actor llegaba a la hoja de vidrio y ésta a su vez reflejaba sobre el escenario una imagen fantasmagórica, que era lo que veía el público.

Con sus virtuosas demostraciones, Pepper exploró una infinidad de fenómenos científicos que atrajo a una gran cantidad de público durante las Navidades. Era una época en que Ciencia y Navidad iban de la mano. Y es que hacer feliz a la gente mediante la ciencia cuesta muy poco.

FUENTES
·Griffith, B.. (2012). Dickens and the haunted chemist. Chemistry World.
·Pepper, J. H. (2012). True History of the Ghost: And All about Metempsychosis. Cambridge University Press.
·Secord, J. A. (2002). Quick and magical shaper of science. Science, 297(5587), 1648-1649.




Este post participa en el LXV Carnaval de Química, edición Terbio, albergado en el blog amigo QuimidicesNews.

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